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MAS ALLÁ DEL ARCO IRIS |
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Era un atardecer espléndido. Me hallaba en una pequeña cala a la orilla del mar, contemplaba, absorta en mis pensamientos, el armónico movimiento de las olas, el rumor apagado de éstas me trasmitían un sereno estado de animo. Humedecía los pinceles en las frescas pinturas al oleo, tratando de dar al lienzo que estaba pintando, los radiantes colores del cielo y de aquel espléndido mar. De vez en cuando, aspiraba profundamente el olor a salitre, y sentía como una caricia la brisa marina que me bañaba el rostro. Era tan idílico el paisaje que inspiraba poemas y frases hermosas. Apoyé los pinceles en la caja, por un momento dejé de pintar, pues sentía la apremiante necesidad de escribir algo. De repente, en la orilla entre la blanca espuma de las olas apareció una gran tortuga. Esta se dirigió lentamente hacia mí diciéndome: -"Si quieres escribir algo verdaderamente bonito, yo te contaré una historia". Luego, la tortuga, avanzando pesadamente e irguiendo la cabeza añadió: -"No te quedes ahí con la boca abierta, coje el lapiz y escribe". Y yo escribí… Erase una vez… Una preciosa muchacha, alegre y llena de vida. Se llamaba Iris. Como a todos los jovenes le gustaba la música y adoraba bailar. Bailaba y bailaba, se elevaba del suelo con grandes saltos, como empujada por un fuerte viento. Un día, al final del verano, improvisadamente enfermó. Los médicos no pudieron hacer nada por aquel delicado cuerpecito. Y como la llama de una vela, una triste noche la vida de Iris se apagó. Tenía sólo quince años. Fue incinerada, y sus cenizas con una gran ceremonia las vertieron en este mar que tienes ante tí. Y ahí surgió el milagro. Iris, al dejar el cuerpo físico se sumergió velozmente en el fondo del mar. Sin aquella envoltura física se sentía libre y feliz. Se movía con movimientos delicados, haciendo graciosas piruetas de danza e imitando a los peces que curiosos la rodeaban. Yo estaba allí por casualidad, y me fue grato recibirla y saludarla. Poco después, llegaron los delfines, ellos también se mostraron curiosos y felices de estar junto a ella. Iris disfrutaba cada cosa en cada momento; jugaba con los caballitos de mar. Saltaba grácilmente en las olas con sus amigos delfines. En las noches de luna llena, sobre mi caparazón, la llevaba a la orilla, y allí, cantaba y bailaba al son de las olas hasta el alba anunciado ruidosamente por las gaviotas. A veces, se dejaba transportar por las densas nubes colmas de agua, estas las llevaban encima amorosamente. Se deslizaban lentamente en el cielo sobre tierra firme, pasando muy cerca de la ciudad donde había nacido Iris. Desde aquella altura la muchacha recordaba su antigua existencia, junto a sus seres queridos. Pero esto no le causaba pena. Sólo le invadía una gran tristeza, al contemplar a sus padres que continuaban a llorar su ausencia. Cuando Iris estaba con sus amigos delfines, les preguntaba como podía mitigar el dolor de su familia. Ella era muy feliz y no entendía como sus padres no lo comprendiesen. Un día me dijo: -"Mira tortuga, tenemos que encontrar una solución. No puedo ver a mis padres sufrir así. ¿Qué crees que puedo hacer, para que sepan que estoy bien? Si sigue todo así, no podré continuar mi camino… siento, como si esta pena de mi famila no me dejase continuar mi viaje…" Me quedé un momento pensativa, después, se me ocurrió una idea: -"Pediremos consejo al sol, al viento, a las nubes y a la lluvia iEllos nos ayudaràn!" Expusimos a estos cual era la situación. Todos estuvieron de acuerdo en que la idea, era poder trasmitir a los papas de Iris, que ella estaba bien y era feliz, y que si continuaban a estar tristes y a llorarla, le impedían de alguna manera, de proseguir su viaje. -"Podemos ayudarte Iris" le dijeron a coro las nubes, aquellas que tantas veces le habían sostenido en lo alto del cielo. -"Yo tambien colaboraré" dijo el viento, con un largo susurro. El sol, brillando con mas fuerza dijo: -"Puedes contar conmigo pequeña Iris, este es un trabajo para hacer en equipo". Gotas de lluvia, como luminosos diamantes, se posaron en el rostro de la joven y la lluvia añadió: -"Si, yo tambien te ayudaré, es algo que haremos entre todos". Había transcurrido un año desde que Iris había abandonado la vida terrena. Era una luminosa mañana de agosto. Delante de la casa donde vivía su familia, empujada por el viento, se formó una densa nube. El sol resplandecía con toda la fuerza y esplendor estivo. De la nube, pequeñas y sotiles gotas de lluvia empezaron a caer, al principio lentamente, después un poco más intensamente, formando al contacto con los rayos del sol un cromático arco iris… Sus padres, estaban escuchando la radio, a través de ésta los románticos acordes musicales de la canción preferida de Iris empezaron a oirse… miraron por la ventana… cielo azul despejado iY un enorme arco iris delante de la ventana!… Llorando se abrazaron, finalmente comprendieron que la hija les enviaba el mensaje. La letra de la canción decía así: "… El arco iris es el mensajero entre el cielo y la tierra…". -"Y esta es la historia… espero que te haya gustado" dijo la tortuga observándome. Después, se dirigió lentamente hacia la orilla, sumergiéndose en la inmensidad del mar… Agradecí a la tortuga tan bella historia. Con la vista la seguí hasta que desapareció entre las olas… después, escribí todo lo que me había contado. Emocionada, permanecí todavia allí en aquel lugar tan hermoso y lleno de magia. El cielo se habia oscurecido y los primeros luceros comenzaban a brillar. Mi pensamiento voló hacia aquella niña de quince años y en su viaje hacia la luz de las estrellas… |
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Susana |
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